jueves, 25 de diciembre de 2008

Todo tiene un fin

Lo sé. Es el momento de celebrar la Navidad y todo eso pero yo hoy tengo conmigo misma una celebración secreta. Desde que empezó este lío hoy es el primer día en el que no me tengo que poner una inyección en la barriga. Durante muchas semanas ése ha sido el momento más horroroso del día y, paradójicamente, el que más deseaba que pasara porque eso significaba 24 horas de respiro de nuevo hasta la siguiente inyección. Menos mal que nada dura eternamente.

2 comentarios:

Noe dijo...

¿Se acabaron las inyecciones? Menuda noticia... Di tú que ahora que ya les habías cogido el tranquillo... Póntelas igual, porque tú lo vales.

Bego dijo...

qué horror, si aún con la última tenía que cerrar los ojos cuando me pinchaba...